Ideas alrededor del Camino del Guerrero
Lo más estimulante de mi intento al equilibrio de los cuatro rumbos de la vida (“el aspecto espiritual con el aspecto material, el aspecto racional con el intuitivo”, Guillermo Marín, Pedagogía Tolteca; supongo lo recuerdan porque leyeron el post de Kali al respecto), es que la persecución es interminable.
Sobre ésta persecución es que planteo algunas ideas a continuación, y les doy la bienvenida a una nueva conversa en el sitio:
Lo más natural al humano es el amor. Lo fraseo como un hecho, porque así es como creo (del verbo crear) diariamente el concepto en mi realidad.
Naturalmente, suceden en ocasiones acontecimientos que conducen a un estado de total contemplación y humildad en la que la única capacidad con impacto que nos resta es el amor. Si en una situación en la que absolutamente todo está fuera de nuestras manos, la única emoción que cuenta es amar, y funciona. ¿Qué no puede lograrse amando?
Aprender a amar no es fácil, al menos no cuando de lo que se trata es de amarlo todo y a todos, sin juicio de valor alguno, sin calificativos. No es fácil, pero no es en absoluto imposible. La recompensa y estímulo –al mismo tiempo- de amarlo todo, es que implica gozar de total libertad.
Es estímulo porque amar incondicionalmente significa nuestra libertad de conceptos preconcebidos que no hacen más que separarnos y distanciarnos: el ego, miedos, prejuicios, culpas, ansiedades, asuntos inconclusos. Es recompensa porque significa también la libertad para poder ser creador de nuevas ideas: en lugar de procrastinar contra otros, concibo ideas, me involucro, participo y contribuyo a resolver situaciones. Es mucho más satisfactorio tener un impacto positivo en nuestra comunidad que sentarse a esperar a que lo resuelva “quien le corresponde”, seamos sinceros, lo es. ¿Por qué no aplicarlo diariamente?
Al hablar de amar, necesitamos dejar a un lado las bajas pasiones, literalmente: esa ira que ciega nuestro actuar y nos hace proyectarnos hacia caminos donde la felicidad es un fin que luego alcanzaremos, y no el camino por el que queremos andar.
Hacer sentido de nuestro papel en la vida, ser felices con lo que somos, lograr ese equilibrio entre lo espiritual, material, racional e intuitivo, implican un “estado ideal”, en tanto no determinemos que es fácil, y que aunque a amarlo todo nadie nos ha ensenado, nos es más natural y favorable de lo que suponemos.
Como personas socializadas a una realidad impuesta, en la que además se nos trata de convencer que somos personas separadas y desconectadas, es natural que de inicio resulte precoz e ingenuo plantear que amando y haciendo bien a nuestra comunicad es como atraemos bienestar.
Nuestras experiencias, sumadas a aquellas con las que empatizamos al grado de quererlas hacer nuestras, abonan diariamente a un bagaje al que no debemos volver sino para recordarlo en paz y amorosamente, experiencias de las que debemos aprender para que nos permitan evolucionar, y de las que hay que estar satisfechos.
Es importante tener la atención puesta a no correr prisa (lo que importa es ahora) y permitirse evolucionar. Lo anterior conlleva el entendimiento de que somos energía y estamos conectados, que todos somos uno y estamos hechos de los mismos elementos que todo lo vivo (¡y lo etéreo, y lo mineral!), y por ello, debemos ser absolutamente respetuosos y tolerantes. Debemos educar con amor para realmente trascender.
Cada uno de los pensamientos e ideas que gestamos o repetimos están reflejándonos y a la vez proyectándonos. Dicho de manera práctica: nuestra realidad se crea a partir de lo que pensamos, decimos y hacemos, depende sólo de lo que nosotros creamos (del verbo crear) y decidamos que queremos que sea. La vibra del planeta es resultado de la conversa de la humanidad, si nos concentramos en la repetición, lo negativo, lo preconcebido, preescrito y preestablecido, no seremos capaces de cambiar esa vibra.
Los creadores de nuestra realidad somos nosotros mismos, y diariamente tenemos la oportunidad de hacer un verdadero intento con nuestro discurso; armonizando lo que pensamos, decimos y hacemos.
Equilibrar lo espiritual con lo material, lo racional con lo intuitivo es por ello el camino que no termina, es el camino de la enseñanza para la evolución. Es el camino que habla el lenguaje del universo, que está en constante movimiento.
Ninguna destrucción masiva, ningún apocalípsis. El proceso en el que la humanidad nos encontramos, es un proceso de renovación, no de conclusión. Es un proceso de mejora no de digestión. Es un camino hacia una mejor actitud y, en consecuencia, a una mejor calidad de vida provocada para cada uno de nosotros. Todos somos uno. Tú eres yo, yo soy tú: INLAKESH.
Somos portadores de una herencia en vida, la de culturas ancestrales que entendieron mucho mejor que nosotros a qué vinimos y qué hacemos aquí. Somos mexicanos orgullosos de nuestas raíces y seguros de que basados en aquellos conocimientos tenemos acceso a mejores vidas, a mejores opciones.
2010: Estamos a poco mas de dos años de la fecha.
Crea consciencia.
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